Abuelo construye piscina para niños en su casa para así vencer la soledad

abuelo y pileta

Perder a un ser querido es un duro golpe difícil de sobrellevar. El tiempo pasa, pero la pena queda siempre anclada en nuestro corazón.

Este sentimiento es el que vivió Keith Davison, un juez retirado de 94 años que perdió a su esposa Evy en el año 2016, después de haber compartido sus vidas durante 66 años.

Fuente: thewashingtonpost

El matrimonio tuvo tres hijos, pero ninguno de ellos tiene hijos, de modo que Keith, no tiene nietos. Él vive en Minnesota, Estados Unidos, completamente solo.

La soledad le estaba dando paso a la depresión y este hombre que dedicó su vida al trabajo y a la familia, notó que empezaba a tomar el camino equivocado de la bebida.

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Hasta que un día tuvo una idea que le cambió la vida y puso fin a sus días de soledad. Si Dios no le iba a dar la dicha de tener nietos, él iba a conseguirlos de otra manera: haría que los niños del vecindario se convirtieran en sus nietos adoptivos.

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Su casa era demasiado grande para él solo, de modo que decidió compartirla con otros. Pensó en construir una gran piscina para invitar a todos los niños del barrio que quisieran venir a disfrutarla.

Al principio, muy pocos confiaron en que esto pudiera algún día hacerse realidad, pero cuando llegó la empresa constructora y empezaron los trabajos, el barrio fue una fiesta.

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Los días de calor, cada niño que lo desee, puede venir a nadar y jugar con otros en la piscina que Keith construyó en el jardín de su casa. La única condición, es que venga acompañado de un adulto.

“Es como si Keith Davison hubiera adoptado a todos los niños de nuestro barrio. Ellos son como sus nietos. Gracias a él, este barrio es feliz”, dijo Jessica Huebner, una vecina que también acompaña a su hijo cada tarde a disfrutar de la piscina.

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En lugar de quedarse encerrado en su casa, sumergido en la soledad, este hombre viudo de 94 años, buscó la manera de darle un sentido a su vida.

Fuente: NBC News

Cada tarde, se sienta en una cómoda silla, al borde la piscina con una bebida fresca y disfruta viendo cómo se divierten una docena de niños. ¡Le ha cambiado la vida!

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No importa la edad, no importa de qué manera… todos podemos superar la depresión y la soledad si buscamos en nuestro interior algo que nos devuelva la alegría. Así lo hizo Keith, que no sólo recuperó la felicidad y se siente acompañado, sino que también con su decisión, hizo felices a otros.

¡Felicitaciones, Keith!

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