Dejó su trabajo, se fue a recorrer rutas en un Citroën ’73 y quiere llegar hasta Alaska.

A Laura Ferri siempre le gustó viajar, pero dedicarse a eso por completo era un plan que no parecía fácil de concretar.

Ella vivía en Necochea, una ciudad balnearia de la costa argentina y seguía una carrera en otra ciudad, Mar del Plata. Sus hijos, también estaban estudiando, pero en La Plata. Laura necesitaba un auto económico que le permitiera desplazarse de un lugar a otro.

Y entonces encontró el auto ideal para ella y que siempre le había gustado: un Citröen Mehari, modelo 73.

“Toda la vida me gustó el Mehari. Entonces lo empecé a buscar y después de mucho tiempo lo encontré, o el me encontró a mí, a dos cuadras de mi casa”, contó Laura.

Tardó 15 años en convencerse de que la rutina que llevaba no colmaba su vida y por fin se decidió: renunció a su trabajo y se dedicó a recorrer todos los países de América Latina.

Era una aventura o una locura… o las dos cosas. Pero ella quería eso.

“Sé que le he hecho mucho más de 120.000 kilómetros. Son 14 años y fui hasta Perú, pero mis viajes casi nunca son lineales, voy entrando en los pueblos, si tengo que volver para atrás, vuelvo.

Desde que me hice dueña de mi tiempo ya perdí la noción de perderse. La primera vez que me perdí, en Córdoba, lloré. Y después dije: Pero, ¡cómo me voy a perder si la tierra es mi casa! Donde haya un camino voy a llegar a algún lado. No uso GPS ni nada por el estilo, voy preguntando”.

Tiempo después, se sumó Olga. Mientras Laura paseaba por la provincia de Salta, se quedó a pasar la noche en un hotel y allí la conoció.

Olga tenía un negocio en Santa Fe y era viuda. Pronto las mujeres entablaron una amistad y un mes después, se fueron de viaje a Bolivia.

Muchos se alegraron de que ya no viajaba sola, pero ella dice que eso algo “físico” y que nunca se sintió sola.

“Nunca viajé sola. Eso es algo físico, pero es increíble todo lo que te acompaña, desde los pensamientos hasta la buena disposición de la gente”, explicó.

Viajan juntas y enfrentan los problemas que vayan surgiendo… que no son pocos. Laura reconoce que el auto es un auto viejo y que cada tanto se rompe. Pero ella dice que simplemente se sienta a pensar y esperar y que, de una manera u otra, logra resolverlo para seguir su camino.

“Creo que es una actitud que uno va tomando frente a las dificultades. Primero, no dejarse abatir. Después cuando se resuelve el problema uno dice: ‘Al final, esto también ya pasó’. Eso te da un temple que es muy útil para la vida”.

¡Qué hermosa enseñanza!

laura ferri

Destino Alaska.

Estas mujeres ya tienen muchos años de entrenamiento en las rutas y ahora se lanzan a un desafío increíble: quieren llegar a Alaska.

¿Cómo surgió la idea? Después de recorrer la Ruta 40 hasta el final, vieron que estaban a 640 kilómetros de Ushuaia, la ciudad más Austral del Mundo y dijeron… ¿cómo no vamos a ir estando tan cerca?

Cuando llegaron, entraron a una posada que está en la Ruta 3 y después de charlar con el dueño, él les dijo que les iba a dar un certificado por haber llegado hasta el fin del mundo y que les pondría un sello y les puso medio sello de América.

Todo parecía como un juego y a ellas les pareció divertido, hasta que el hombre les dijo: “Tienen que ir a buscar la otra mitad a Alaska”.

¡Alaska! ¿Y por qué no? Y ahí la idea quedó flotando en sus cabezas.

Laura escribe libros de sus viajes y completó los años que le faltaban trabajar para poder jubilarse. Eso le permite un ingreso con el que financia sus viajes, además de que alquila su casa de Necochea.

Ella dice que, viajando así, se gasta mucho menos que viviendo en una casa.

El viaje a Alaska se está preparando y cada vez falta menos. Ellas están entusiasmadas y lo único que ruegan es que el Mehari las acompañe en todo momento. ¿Lo lograrán?