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Se conocieron en un convento y se enamoraron: la historia de dos monjas que dejaron los hábitos para vivir su amor.

Un documental presentado en Croacia, relata la vida de dos mujeres con un destino increíble. Ellas eran monjas en un convento en donde se conocieron y se enamoraron.

Marita era monja en una isla croata cuando conoció a Fani, otra monja que se convirtió su gran amor.

Fuente: DENIS LOVROVIC / AFP

“Simplemente escuché mi corazón”, explica Marita, que dejó la Iglesia Católica al igual que Fani.

Sus vidas, se relatan en este documental que se presentó por primera vez en el festival internacional de ZagrebDox.

Las libertades individuales.

Ivana Marinic Kragic es la directora de este documental que relata una historia de amor muy particular.

“Es una historia de amor inesperada e inhabitual, pero me concentré particularmente en la cuestión de las libertades individuales”, explica.

Fuente: DENIS LOVROVIC / AFP

“Nun of your business”, que es el título del documental consiste en un juego de palabras en donde se produce un doble sentido entre la palabra “monja”, “nun” en inglés, y el resto del título que significa “no es asunto tuyo”.

Aquí, se relata la vida de dos mujeres que venían de infancias vividas en el interior de Croacia y que, primero, tomaron los hábitos, para luego, lanzarse a vivir una historia de amor que ya lleva 10 años.

Ivana agrega: “encontraron la fuerza de luchar por su amor, algo que no es por lo general aceptado en nuestra sociedad”.

Fuente: DENIS LOVROVIC / AFP

También dice que no está en ella la intención de provocar o generar una polémica, sino de generar empatía en una sociedad conservadora en donde las personas con distintas orientaciones sexuales, son víctimas de discriminaciones, o en donde la Iglesia Católica considera la homosexualidad como una discapacidad o una perversión.

Marita Radovanovic, tiene el pelo corto y de color rosa y tenía tan sólo 18 años cuando entró al convento de su isla natal de Korcula, inspirada por su deseo de ayudar a los demás. Su familia no quería que fuera monja porque esperaban que ella llevara simplemente una vida normal.

“En un convento hay muchas mujeres”.

Así, fue donde conoció por primera vez a Fanika Feric, a quien le dicen “Fani”. La historia de amor no surgió de inmediato, sino que, al principio, mantuvieron una amistad muy estrecha, que luego cambió años más tarde cuando Marita dejó la Iglesia.

“Fani” siempre supo que era gay, pero jamás encontró valor para decirlo, sobretodo viviendo en un pequeño pueblo al Este de Croacia.

Fuente: DENIS LOVROVIC / AFP

En ese momento, trabajaba en una fábrica, y dijo que se sintió atraída por la vida religiosa cuando escuchaba cantar a las monjas y a los niños del coro.

Por su parte, Marita de 36 años, tomó conciencia de su homosexualidad sólo cuando entabló relación con Fani.

“No me daba cuenta donde estaba yendo. En un convento, hay muchas mujeres”, dice Marita, sonriendo. Ella había tomado los hábitos a los 23 años.

Luego, se dio cuenta de que dentro de la comunidad religiosa también existía el acoso y la mezquindad, como dentro de cualquier comunidad.

Ella idealizaba todo, hasta que se dio cuenta de que ser religiosa no era para ella.

“Llegó un momento en el que decidí que debía ser honesta conmigo misma y con Dios, que es todo amor”.

“Pensaba en ella más que en la Biblia”.

“Es difícil asumirse como alguien diferente, dice Fani. Entre los católicos, la homosexualidad es un pecado enorme. Le rogaba a Dios que me curara de esta “enfermedad”. Luego, me di cuenta de que, si Dios me había hecho así, no había nada que curar”.

Fuente: DENIS LOVROVIC / AFP

Cuando Marita renunció y se alejó del convento, mantenían el contacto de manera telefónica: “pensaba en ella más que la Biblia”, bromea Fani.

Después de que Marita le hiciera una visita en el convento, pidió permiso para pensar y unos días después, lo dejó para nunca más volver.

Hoy, viven sin miedo su historia de amor. Residen en Zagreb. Una de ellas trabaja en turismo y la otra en un restaurante. Lograron la aceptación por parte de la familia de Marita y, además, se sienten felices de haber sido fieles a su fe y a sí mismas.

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