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“Soy Gabriel y tengo dos padres”. Este joven adoptado habla con orgullo de sus padres gays.

David y Jesús, son pareja desde hace muchos años y un día sintieron la necesidad de ser padres.

Y esta necesidad tiene que ver puramente con el amor, porque los niños no les “caen del Cielo”, como les sucede a muchas parejas, sino que quisieron darle seguridad y bienestar a un niño huérfano.

Gabriel es ruso y sus padres lograron llevarlo a España después de muchos trámites, idas y venidas, cuando tan solo tenía 2 años de edad.

Él está feliz con su familia y dice que la condición sexual de las personas no tiene por qué cambiar el concepto de familia.

Rompiendo tabúes.

Gabriel estuvo de intercambio en Irlanda, y allí tuvo la oportunidad de convivir con una familia tradicional.

Él dice que no hay diferencias y cuando le preguntan qué se siente no tener madre, siempre responde que: “en casa se ven calzoncillos y no bragas, pero es lo único”, cuenta entre risas.

Gabriel es un joven como cualquier otro, pero con mucha conciencia social, porque se sumó a la lucha LGBT, al igual que sus padres y apoya a otras parejas gays que también quieren adoptar, pero temen que sus hijos sean discriminados.

Él cree que es hora de terminar con todos los prejuicios y que el hecho de ser gay no determina que un niño se críe mejor o peor.

“Me han enseñado a comportarme y a respetar a la gente, a no tener cadenas y a tener confianza para hablar de lo que sea, aunque tenga un poco de vergüenza a veces”, confiesa sonriendo.

Ojalá muchos niños maltratados tuvieran la oportunidad de tener una familia, sin importar quienes la conformen. Sólo contar con alguien que los quiera y los cuide.

Gabriel lo resume cuando dice que no sabe qué habría sido de él si no hubieran aparecido David y Jesús en su vida. “Siempre les voy a estar agradecido”.

¡Derribemos los prejuicios que lo único que hacen es dividirnos!

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