Tiene 94 años, trabaja 12 horas al día y nadie lo ayuda.

Después de una vida intensa de trabajo, las personas llegan a una edad en la que necesitan su merecido descanso.

Don Goyo ya tiene 94 años, pero a pesar de tener hijos, estos se olvidaron de él y el pobre hombre a su edad, tiene que seguir trabajando para vivir.

Fuente: Karla Patricia Obil Mayoral

Ya tener que trabajar a esa edad, resulta muy cruel, pero más cuando Don Goyo debe trabajar en la zafra, descalzo y con un machete como única herramienta.

Esta es la forma que encontró de sobrevivir.

Vivir en la miseria.

Don Goyo ni siquiera tiene casa. El lugar en el que vive se compone de un montón de chapas, sin pisos, sin puertas y sin baño.

Duerme en el suelo, en un colchón roto y sucio y apenas tiene para comer.

No tiene electricidad, ni agua potable.

Fuente: Karla Patricia Obil Mayoral

Es indignante que una persona de esta edad tenga que vivir en estas condiciones.

Camina encorvado, porque su espalda ya no resiste los años y el duro esfuerzo que implica trabajar en los cañaverales.

Sus pies apenas lo sostienen y camina con la ayuda de un bastón. ¡Y así trabaja 12 horas al día!

Fuente: Karla Patricia Obil Mayoral

Una mujer al rescate.

Don Gregorio vive en Veracruz. Lo encontró una joven de nombre Karla Patricia Obil Mayoral, que no podía creer que viviera en estas condiciones.

Inmediatamente, puso manos a la obra para ayudarlo.

“Salió caminando poco a poquito, todo encorvado y usando una caña de bastón. De lejos se veía el cansancio de los años y mi primera reacción fue pensar: ¿cómo es posible que un señor de tan avanzada edad tenga todavía que seguir trabajando?”, se preguntó la joven.

Fuente: Karla Patricia Obil Mayoral

En primer lugar, le trajo alimentos para que tuviera algo digo para comer.

Después hizo un llamado a la solidaridad en las redes sociales, para pedir ayuda concreta, firme y segura para Don Goyo.

¿Cómo no sentir empatía por un abuelito que vive necesitado de cosas básicas y abandonado por su familia?

“Me dijo que sus hijos viven muy lejos y ninguno lo visita. Al decirme eso, sus ojos se llenaron de lágrimas y mi corazón sintió mucha tristeza”, contó Karla.

Fuente: Karla Patricia Obil Mayoral

Afortunadamente, las redes sociales contribuyeron a generar algo de ayuda.

Karla le pidió a Don Goyo que ya no siguiera trabajando; que ella se iba a ocupar de buscarle una vida mejor.

Y así lo hizo. Recibió donaciones para mejorar las condiciones de vida de Don Goyo.

Ya no duerme en el piso, le consiguieron una cama y él dio permiso para que le limpiaran la casa, que hasta ratones tenía.

Fuente: Karla Patricia Obil Mayoral

Su vida cambió por completo. Su casa es otra. Recibió ayuda médica y ropa nueva.

Hay gente que lo acompaña y ya no está tan solo. Sus hijos siguen sin aparecer, pero al menos Karla y otras personas bondadosas han hechos que sus últimos años, sean un poco menos tristes.

Fuente: Karla Patricia Obil Mayoral

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