Un momento de confusión, un desencuentro y la vida de un niño cambia para siempre.

Saroo se perdió en una estación de tren y tuvo que esperar 25 años para volver a abrazar a su madre.

Esta historia es increíble y sé que te vas a conmover, en especial, si eres madre.

Saroo vivía en un pueblo de la India llamado Khanwa. Su padre los había abandonado y su madre hacía todo lo que podía para darles de comer a sus hijos. La miseria en la que vivían era infinita.

Una tarde, Saroo y su hermano mayor Gudu, fueron a la estación de tren para intentar encontrar algo para comer. Mientras recorrían el lugar, se hizo de noche y Saroo se sintió cansado, entonces su hermano le dijo que se acostara en un banco que luego vendría a buscarlo.

Saroo despertó varias horas después y se encontró solo. Gudu no había vuelto. Desorientado y sin saber qué hacer, se subió a un tren esperando encontrar a su hermano.

Saroo tenía sólo 5 años. No sabía leer y no sabía cómo volver a casa. En su inocencia, subió a un tren y a otro, hasta que por fin llegó a Calcuta, una ciudad enorme, pero a 1300 kilómetros de Khanwa. Definitivamente, estaba perdido.

Imagen Película “LION”

La vida puede cambiar en un minuto.

Estaba desesperado. Lloraba pidiendo por su madre y su hermano Gudu, pero el pobre e inocente Saroo no sabía que se encontraba a miles de kilómetros de su familia y que su vida acababa de cambiar para siempre.

Empezó a vagar por las calles de Calcuta, expuesto a todos los peligros que tiene una ciudad enorme. Comía lo que encontraba o lo que alguna persona generosa le daba y dormía donde podía. Saroo ni siquiera hablaba la lengua que se habla en esa ciudad.

Hasta que una buena persona se apiadó de él y lo llevó a un orfanato. Allí, se encontró con otros niños, que, como él, estaban a la espera de ser adoptados.

Fuente: Saroo Brierley

Pero Saroo no se olvidaba de su madre y sus hermanos. Él podía ser un niño pequeño, pero su familia estaba en sus recuerdos y siempre pensaba en ellos.

Sabía que nunca volvería a verlos, pero eso no impedía que deseara tener una familia. Era su mayor anhelo.

Hasta que su deseo se cumplió. Saroo fue adoptado por una pareja de australianos, Zoe y John Brierley que vivían en Tanzania.

Los Brierley fueron padres amorosos. Le dieron a Saroo la posibilidad de tener una casa, una educación y el amor de unos padres cariñosos que lo cuidaron y lo quisieron. Luego, la familia se agrandó cuando los Brierley adoptaron a otro niño hindú llamado Mantosh.

El recuerdo nunca muere.

Los años pasaron, pero el recuerdo de Saroo por su madre y sus hermanos seguía vivo. Él había forjado una vida en Australia. Se convirtió en un profesional y tenía novia. Una nueva vida.

Pero cuando tenía 25 años, el deseo por encontrar a su familia se hizo más y más fuerte. Saroo no se resignaba.

Hasta que un día, su novia y sus amigos, le sugirieron que utilizara Google Earth para intentar localizar el pueblo en el que vivía, ¡pero él ni siquiera sabía cómo se llamaba!

Fuente: Saroo Brierley

Con algunos nombres y sus escasos recuerdos, Saroo empezó a buscar en Internet. Recordó la cantidad de horas que estuvo en el tren viajando y buscó a qué ciudades llegaría desde Calcuta si tomaba un tren en esa ciudad y recorría unas 14 horas.

Recorrió kilómetros y kilómetros de mapas hasta que algunas imágenes empezaron a resultarle familiares. ¡Había encontrado la estación a la que había ido con Gudu! La emoción de Saroo conmovía a sus padres adoptivos que querían ayudarlo a encontrar a su familia. Así de grande es el amor que sienten por él.

Sin pensarlo mucho más, Saroo voló a la India, al pueblo de Khanwa, pero… allí se encontró con su primera desilusión. Su casa ya no estaba y su familia tampoco. Saroo estaba devastado.

Sin embargo, no quería darse por vencido. Alguien tenía que saber algo de su madre. Empezó a preguntar a los vecinos del lugar, hasta que encontró a uno que recordaba a la madre de Saroo.

Él le dijo que su madre y sus hermanos se habían ido hacía unos años. Él hombre no podía creer que fuera el niño perdido. Él le contó que su madre no quiso irse durante muchos años con la esperanza de que Saroo algún día apareciera, pero llegó un momento en que aceptó que nunca más volvería a verlo.

Fuente: Saroo Brierley

El esfuerzo da sus frutos.

El vecino ayudó a Saroo y le dijo dónde podía encontrar a su familia en el nuevo lugar en el que vivían. Y allí se dirigió este joven determinado y decidido a recuperar lo que le pertenecía por derecho propio.

Siguió preguntando y averiguando hasta que la encontró. ¿Podemos imaginar la emoción de Saroo y la sorpresa de su madre? ¿Qué pueden decirse madre e hijo que no se vieron durante 25 años?

En ese momento, sólo había lugar para los abrazos y el llanto emocionado. Saroo había encontrado a su madre, había recuperado a su familia, pero su alegría no fue completa.

Él se abrazó a todos sus hermanos, pero faltaba Gudu. ¿Por qué no estaba su hermano mayor allí? Su madre le contó que esa noche en que fueron juntos a la estación y que Saroo se quedó dormido, Gudu tuvo un accidente y fue arrollado por un tren.

Fuente: Saroo Brierley

Saroo comprendió entonces que su hermano no lo había abandonado, no se había olvidado de él. Gudu no pudo volver a buscarlo.

Duele pensar en la pena enorme de esta madre que esa noche perdió a dos de sus hijos. Uno muerto en un accidente y el otro desaparecido, sin posibilidad de poder encontrarlo.

Pasados algunos meses, Saroo quiso que su madre adoptiva conociera a su madre y ella voló para conocerla y darle un abrazo. Estas dos mujeres lloraron juntas de emoción y la madre de Saroo le agradeció que lo hubiera criado, cuidado y querido durante todos esos años.

Fuente: Saroo Brierley

Hoy Saroo tiene dos madres. Su verdadera madre y su madre del corazón. Él tiene su vida hecha en Australia, pero no se olvida de su familia en la India y cada vez que puede, vuela a visitarlos.

Su increíble historia dio lugar a un libro que él mismo escribió y que se publicó en muchísimos idiomas. “Un largo camino a casa”, es el mejor título para esta historia de vida que reúne todas las emociones posibles. Luego, llegó la película “Lion”.

Amor, tristeza, pena, felicidad, fe… y, sobre todo, fe, que fue lo que impulsó a Saroo a buscar a su madre y a recuperar una parte de su identidad que el destino le robó durante 25 años.

Fuente: Saroo Brierley

¿Qué te inspira la historia de Saroo? ¡Cuéntanos en los comentarios!