Veterano del ejército amputado llora de emoción cuando llega a la cima de Ben Nevis.

9 meses antes, le amputaron una pierna, pero eso no hizo que se sentara a llorar su desgracia. Él se propuso este objetivo y lo logró. Cuando llegó a la cima, rompió a llorar.

Jon Hilton tiene 42 años, está casado con Nikki y tiene 3 hijos. Hasta el año 2009 fue soldado del Ejército Británico y sirvió en Irak.

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Mientras estuvo allí sufrió una lesión que necesitó de cirugía, pero la lesión se complicó y tuvieron que amputarle la pierna.

Sumado a eso, hace pocos meses tuvo un accidente casero y se lastimó tanto el muñón, que tuvieron que volver a cortarle la pierna a la altura de la rodilla.

“Recuerdo que me caí y el dolor era indescriptible. Me rompí la tibia, me corté vasos sanguíneos y arterias; el baño donde me caí parecía sacado de una película”, contó Jon.

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Pero pasado el shock emocional, Jon quiso que su historia sirviera para algo.

Se propuso escalar la montaña Ben Nevis, la más alta de Gran Bretaña y también el Monte Snowdon y el Scarfell Pike.

Ben Nevis mide 1.345 metros sobre el nivel del mar y Jon tardó 11 horas en subir y bajar de nuevo.

Para escalar, se ayudó con bastones, mientras recibía el aliento de su esposa y sus hijos.

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Fue duro para él, pero se fijó un objetivo y quiso cumplirlo. Cuando llegó, abrazó la columna que marca la cima y rompió a llorar, invadido por las emociones.

“Cuando toqué la columna una ola de emoción se apoderó de mí. Había logrado algo tan grande para mí personalmente: me probé a mí mismo que puedo caminar de nuevo.

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Sé que suena tonto porque había estado caminando, pero esto realmente me demostró algo”.

Podemos imaginar la emoción de Jon, al haber logrado algo tan importante para él, y después de haber pasado por un trauma tan terrible como la amputación de su pierna.

Todo tiene un fin.

Escalar pudo ser agotador para este veterano de guerra, pero eso no lo detuvo. Su decisión de escalar la montaña era para probarse algo a sí mismo, pero también para recaudar dinero para cuatro organizaciones benéficas de veteranos de guerra.

Jon también se sintió abrumado y conmovido por la gran participación de la gente y lo mucho que lo apoyaron.

“Las palabras que recibo de la gente, ha sido más importante que nada”, dijo Jon.

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Él no espera ser ejemplo de nada, pero se siente feliz cuando alguien le dice que su esfuerzo le sirvió para tomar decisiones y plantearse un objeto.

Es maravillo inspirar cosas positivas en la gente.

“No me veo a mí mismo como una persona inspiradora, pero si inspiro a la gente, creo que es genial. Una mujer que estuvo en silla de ruedas durante 20 años, me dijo que ahora va a probar la fisioterapia. Y todo después de haber conocido mi historia”, dijo.

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Cuando bajó de la montaña, el dolor en su pierna era insoportable, pero él se sentía abrumado por las emociones y la sensación de triunfo. No pudo evitar llorar abrazado a su esposa Nikki.

“Mientras bajaba de la montaña, una niña de 13 años juntó sus manos y me dijo, ‘gracias, me inspiras’. Me eché a llorar; fue la sensación más indescriptible”, contó Jon.

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A veces la vida nos pone en situaciones difíciles de las que creemos será imposible salir; pero Jon es un ejemplo de que, con voluntad y esfuerzo, sumado al amor de los seres queridos, todo puede hacerse realidad.

Y por último dijo: “Sólo quiero que todos sepan que, sin importar sus circunstancias, pueden desafiarse a sí mismos, pueden fijarse metas y pueden lograr cosas”.

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Le deseamos toda la suerte del mundo en los próximos desafíos que se proponga.